A raíz de la noticia de la retirada de una fotografía expuesta en el Festival de Mérida extraigo partes de dos entrevistas del diario Público y El País a la actriz Blanca Portillo.
Entrevista a BLANCA PORTILLO Directora del Festival de Teatro clásico de Mérida.
"Sólo la verdad nos salva del delirio, no miento y no lo voy a hacer nunca, porque si no eres fiel a tu corazón estás perdido"
P. ¿Aún defiende el gesto de retirar la foto, a pesar del sufrimiento que pudo implicar?
R. Me sigo sintiendo parte del festival y como directora eso es lo que he hecho; pero a nivel íntimo y privado tengo mucho que decir, como por ejemplo que no la hubiera quitado, pero hay más cosas que ya diré cuando deje definitivamente el cargo. Hemos pasado momentos muy difíciles y dolorosos porque hay cosas que no he entendido, y cuando no entiendo las cosas lo paso fatal. Puedo dialogar, pero si no tengo explicación para las cosas sufro muchísimo.
¿Ha aprendido algo nuevo de lo que les ha pasado?
Sí, muchísimas cosas. Curiosamente muchas de ellas también están en la función de Sófocles que vamos a estrenar. Uno tienen que intentar escuchar a su corazón para intentar dormir bien por la noches, y yo sigo durmiendo muy bien. Solamente la verdad, la honestidad, nos salva del delirio. Ahora sé más que nunca porque me he sentido bien cuando me he mirado al espejo. Porque no miento, y no he mentido y no lo voy a hacer nunca, porque es un precio altísimo el que se paga.
El texto también dice que es común en los seres humanos equivocarse.
Pero hay que saber rectificar, no mostrarse inflexible y desprenderse del orgullo. El orgullo, la soberbia, la prepotencia, la vanidad no me suelen empujar, me empuja el corazón y contra ese es muy difícil luchar... por eso me gusta esta Antígona pequeña, diminuta [dice de la actriz Marta Etura], es una cría que destruye y dinamita el sistema simplemente diciendo 'éste es mi corazón y a él obedeceré'. Esa es la mayor lección que puedo extraer de todo este viaje que ha supuesto el Festival de Mérida. Hay que ser fiel a uno mismo porque si no estás perdido.
¿Tiene miedo por la gente que está trabajando en el festival y por las consecuencias de lo que ha pasado?
Tengo el miedo que da el sentido de la responsabilidad, que en mi caso es algo rayano en lo enfermizo. Me siento absolutamente responsable de todas y cada una de las personas y por eso estamos ahí, y por eso voy a estar hasta el último día con todas mis fuerzas. Además está el deseo de compensar la generosidad con la que han venido y han trabajado todos, y hacer todo cuanto esté en mi mano para que nos vayamos todos con la cabeza bien alta y con mucho orgullo.
Ha llegado con una cara un tanto desencajada al ensayo, han
pasado cuatro horas y parece usted otra persona, transmite paz y
alegría.
El teatro me salva.
Me limpia. Lo diré toda la vida, es otro aprendizaje. Soy consciente
de que tengo una maravillosa tribuna en la que llevo treinta años,
diciendo y haciendo las cosas en las que creo. Eso me salva, es mi
espacio natural para ser ciudadana, actriz, persona, mujer... Yo
seguiré trabajando por la cultura, que es mi devoción, pero lo que
me salva es esto, ver a los compañeros, a un creador como García
Lozano que es un regalo, con un clima de trabajo donde solamente hay
creatividad, no hay juicios, ni prejuicios, donde todos están dando
lo más grande que tienen. Antígona se ha hecho realidad y estará
en el Teatro Romano. Se podrá ver. Independientemente de si a unos
les gusta o les incomoda, les parece feo, inútil, da lo mismo...
Creo en esto y encima me puedo permitir el lujo de subirme ahí,
donde está la ventaja de poder verter todo, emociones, reflexiones,
preocupaciones, risas, llantos, dolores..., todo y en cinco minutos
me deja limpia.
"Antígona" es una obra en la que se propone el debate de
la razón o el orden frente al corazón. ¿Hasta qué punto debe
primar lo uno sobre lo otro?
Para mí prima mucho el corazón, y eso que soy una persona muy
racional. Intento pensar las cosas cinco veces antes de hacerlas,
pero hay un impulso natural al que siempre obedezco, es un olfato, un
instinto que me empuja a tomar las decisiones. Y es el más sabio
porque es el único que te permite mirarte al espejo por las noches y
no tener vergüenza.
Conflictos tremendamente vigentes.
Yo los veo en todas partes, la actitud de la gente joven frente al
inmovilismo, el impulso de lo femenino frente a un organigrama
construido por hombres, porque estemos donde estemos siempre hay un
hombre más arriba. Sobre el peligro de detentar el poder ya dijo
Sófocles hace más de 2000 años que no se conoce al ser humano
hasta que está en una posición de poder. El poder es un lugar que
saca cosas de los seres humanos y Antígona está ahí
diciendo lo que no es correcto. No es que los griegos sean muy
actuales, sino que es la pura realidad.
¿Tan previsible es el ser humano?
Desgraciadamente, sí. Creo que el mensaje que el director lanza
con la función es que una pequeña mujer, casi adolescente, con una
profunda convicción emocional consigue reventar el sistema. Siempre
habrá alguien que desde la honestidad pueda desequilibrar las cosas,
estoy convencida o, al menos, confío en que es así.
En esta edición del Festival de Mérida hay tres versiones de Antígona', ¿por qué?
La razón es porque es esencial al teatro que un mismo texto tenga diferentes lecturas, sino haríamos cada obra una sola vez en la vida. Queríamos hacer un ejercicio de teatro, todos conocemos la historia de Antígona, de Medea o de Edipo, lo importante es cómo nos lo van a contar esta vez. Y como esa es la esencia del teatro, decidimos poner sobre los escenarios de Mérida la evidencia de que lo importante no es la variedad de textos sino los puntos de vista. También es porque estoy cansada de que la gente hable de teatro como si fuera algo ajeno a la vida, la tragedia no es un género literario, es un hecho real.
¿Qué le hace sentir ese desasosiego?
La gente tiene más necesidad de no pensar que de pensar, o eso
nos quieren hacer creer. Porque luego cuando el público ve algo que
le conmueve, se implica. Hay una idea que aún pulula por ahí de que
el teatro pertenece al entretenimiento. Y no es ocio sólo, aunque no
digo que no pueda ser divertido. También es reflexión, y por ella
existe. Cuando llegué a la dirección del festival me lo planteé,
si llevamos dos mil y pico años subidos al escenario diciendo las
mimas cosas no es que seamos divertidos, porque hay otras diversiones
mucho mejores hoy en día, debe ser que somos necesarios.
Diario Público y El País

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